El descenso de los costes laborales aumenta la competitividad española

competitividad-espanolaLos buenos datos obtenidos por las exportaciones están salvando los índices macroeconómicos de la economía española. De hecho, las exportaciones españolas crecieron por encima del 8% hasta el mes de septiembre, multiplicando por cuatro el crecimiento medio de los países de la Unión Europea y reduciendo el déficit comercial en un 58,6%. Es decir, que España es capaz de aumentar sus exportaciones gracias a que es mucho más competitiva en el mercado internacional.

Sin embargo, una lectura más profunda del mismo invita a analizar cómo se ha alcanzado dicha competitividad. Básicamente, la respuesta incide en que los productos españoles son más económicos, más baratos y, por tanto, se pueden vender con mayor facilidad en los mercados internacionales.

No obstante, la forma de conseguirlo en plena crisis económica tiene mucho que ver con la reducción de los costes laborales. Según el Consejo Empresarial para la Competitividad (CEC), del que forman parte las principales multinacionales españolas, un trabajador español es mucho más barato que un alemán, un francés o un italiano. Concretamente, contratar a un trabajador español es un 30% más económico. Así, la media de los costes laborales para las empresas españolas rondan los 34.000 euros, muy lejos de los 43.000 euros de media que las empresas alemanas, francesas o italianas deben destinar a la contratación de trabajadores. Y la tendencia, observada durante los tres últimos años de forma consecutiva, va a mantenerse en 2014, año en el que se prevé que este indicador descienda un 1,5%.

A pesar de todo, desde diferentes instituciones, como el Fondo Monetario Internacional, se sigue insistiendo en que la senda de la recuperación implica simplificar los tipos de contrato y, sobre todo, reducir los salarios. Es decir, que mientras se reduce la renta per cápita de los españoles, se aumenta la distancia con respecto a los otros países.

Ya en su momento Juan Roig, el dueño de Mercadona, hizo alusión a la necesidad de los españoles de “imitar la cultura del esfuerzo con la que trabajan los chinos”. Parece que sus palabras no cayeron en saco roto o, por lo menos, que es una opinión compartida por los principales dirigentes. Lo que se obvia en esa frase (esforzarse y trabajar no supone ningún tipo de problema) son las condiciones inherentes al mercado laboral chino. Es decir, jornadas laborales excesivamente largas, malas condiciones laborales, salarios bajos, poca seguridad… Todo ello, repercute en unos productos de bajo precio donde la calidad es muy cuestionable, pero, sin duda, a China le sirve para inundar el resto del mundo con sus exportaciones. Basta entrar a un bazar chino para comprobarlo. Sin duda, si había que transformar la economía española hubiera sido mucho más interesante fijarse en otro modelo.