Becarios extranjeros: de estudiantes y empleados, hasta turistas vacacionales

En la primera fase del programa Leonardo, más de 115.000 jóvenes se han desplazado a otros países para aprender el idioma, hacer prácticas en empresas y aprovechar para conocer los atractivos y recursos del destino. Aunque no sea su finalidad última, las becas en el extranjero son una de las formas más comunes de fomentar el turismo idiomático. Facilitan la movilidad estudiantil e indirectamente contribuyen a la llegada de visitantes que, durante su estancia en el país receptor no sólo aprenden la lengua, sino que también disfrutan de la oferta turística, conocen los atractivos y recursos del destino, y se pueden llegar a convertir en visitantes habituales.

No obstante, cuando se habla de becas entre los extranjeros todos piensan en seguida en el programa Erasmus. Pocos todavía saben que hay también otros tipos de bolsas de estudio, como el Proyecto Leonardo. Concebido como un “laboratorio europeo de la innovación”, este programa nació en 1994 con el preciso objetivo de efectuar una política de formación profesional a través de la cooperación internacional.

Hay dos tipos de proyectos: uno para jóvenes en formación inicial, dirigido a estudiantes del cuarto año de escuelas superiores que se quedan en el extranjero tres semanas, y uno para jóvenes trabajadores y nuevos licenciados que se quedan doce semanas.

Normalmente el proyecto de doce semanas es estructurado de manera que el becario puede seguir un mes un curso de idioma, y hacer prácticas de trabajo para otros dos meses.

En la realización del programa están implicados muchos entes que cooperan, tales como empresas, agentes sociales, universidades, autoridades publicas, organismos públicos y privados de formación.

La Comisión pone en acto el programa Leonardo Da Vinci y en los países participantes se constituyen agencias nacionales que se ocupan de todas las cuestionas de naturaleza financiera y legal. La agencia nacional es responsable de la selección de los proyectos, de la contratación, de establecer la contribución y de la revisión.

También una parte importante de la gestión es confiada a los estados miembros, hasta el punto de que se estima que en la segunda fase del programa (de 2000 a 2006) aproximadamente el 75 por ciento de los fondos estarán gestionados a nivel nacional.

La contribución europea destinada a cada becario es de unos 3.000 euros, de los cuales están comprendidos los gastos para la estancia, para el viaje y para la aseguración; esta cifra, evidentemente, cubre sólo una parte de los gastos y por eso la empresa promotora tiene que cofinanciar el proyecto con fondos propios.

Según los datos, el balance total del programa Leonardo es de 1,15 billones de euros para la primera fase de siete años, en la cual más de 115.000 jóvenes se han beneficiado de las prácticas en las empresas y más de 11.000 tutores han mejorado sus experiencias profesionales gracias al proyecto.

Estos datos indican que el número de los países participantes ha aumentado notablemente: si al principio, en 1995, sólo 18 países tomaron parte en el proyecto, en 1999 subieron a 29 y, según las estadísticas de la segunda fase, este número podría aumentar.

Para recibir la beca, hay que presentar la solicitud y afrontar una selección que mide el grado de preparación cultural, de conocimiento del idioma extranjero, se evalúa el currículum vitae y las motivaciones psicológicas del futuro becario.

Si el candidato es considerado idóneo y supera la selección, tiene que indicar donde le gustaría hacer prácticas en el país de destino, de modo que la empresa colaboradora empieza su búsqueda para encontrar el trabajo justo para cada becario.

La empresa colaboradora, en efecto, es aquella que recibe a los beneficiarios de la bolsa de estudio, que se ocupa de ellos en el país extranjero y que coopera constantemente con la empresa promotora, que envía los becarios.

Además, existe una base de datos donde están registradas las empresas que entran en contacto para darse a conocer, preguntar cómo realizar el proyecto o experiencias anteriores, además de conocer todas las referencias. Una vez que nace la relación de colaboración continúa también en los años siguientes.

Cuando el becario llega al país extranjero, es la empresa colaboradora la que encuentra un alojamiento para él en familia, en una residencia para estudiantes o en un piso. Además, provee el curso de lengua si está previsto y se ocupa de la gestión de la cuantía de la beca que la agencia nacional y la empresa promotora han destinado a cada becario.

Hay también una cifra mensual de dinero en efectivo que el estudiante recibe para cubrir los gastos. Al final de su estancia, el becario recibe dos certificados: uno de Leonardo y uno de la empresa donde él ha trabajado.

“Es una experiencia formativa que permite conocer otra cultura”

Luis Portillo Sánchez, de la agencia Albatros & Deltha Consulting.

¿Qué media de extranjeros recibís cada año?

– De media, 150 cada año.

¿Cuál es la nacionalidad más frecuente?

– Este año hemos recibido más griegos, pero sólo para el proyecto corto de tres semanas durante el cual visitan empresas sin trabajar. Normalmente hay gente de todos los países, no sólo de la UE.

¿Cómo hacéis para buscar las empresas donde colocar a los becarios?

– Ahora tenemos una base de datos pero al principio, hace 4 años, empezamos buscando en las páginas amarillas. No es muy sencillo encontrar una empresa que corresponda a las peticiones y a las aptitudes del becario y que, al mismo tiempo, sea disponible a recibir becarios.

También es difícil porque son prácticas no remuneradas y hay que hacer un documento particular, un convenio individual, con la firma de la agencia tutor -en nuestro caso, Albatros- y de la empresa que acoge el extranjero, en el cual se afirma que hay una persona que trabaja allí.

¿Entre las empresas promotoras hay instituciones y organismos privados: con quien es más fácil trabajar?

– Depende de la burocracia, pero sobre todo depende de la persona con la cual mantienes el contacto, que debe ser muy clara y tiene que informarte constantemente de todo lo que pasa. Si trabajas con una persona así no importa que sea de la universidad, de una institución o de un organismo privado.

¿Qué tipo de problemas encontráis en la realización del proyecto?

– Cuando tienes que gestionar tantas personas, es inevitable encontrar un montón de problemas, de idioma, convivencia, disciplina. Por ejemplo, hace poco un becario fue expulsado porque llegaba siempre tarde al trabajo.

¿Qué piensa del tipo de experiencia que ofrece?

– Es un proyecto válido, pero siempre depende de la actitud del beneficiario, de lo que quiere sacar de este tipo de experiencia. También depende de la empresa que lo recibe.

Es una experiencia muy formativa porque ofrece la oportunidad de conocer otra cultura, otro idioma y, sobre todo, es muy importante para el currículum, puesto que hoy para trabajar se pide siempre más movilidad y conocimiento de idiomas.

Apunte

En 1994 el Consejo de Ministros de la UE adoptó el programa Leonardo Da Vinci para un periodo de cinco años.

Establecía una cuantía de 620 millones y estaba abierto a los 15 Estados Miembros, los tres Estados del Espacio Económico Europeo, además de Chipre, República Checa, Estonia, Hungría, Lituania, Letonia, Rumania, Polonia y a República Eslovaca. Ahora está en su segunda fase, que va desde el año 2000 hasta 2006.

Fue aprobada en Decisión de Consejo de 1999 y afirma la necesidad de desarrollar calidad, innovación y dimensión europea en los sistemas y en las prácticas de formación profesional a través de la cooperación transnacional. Ahora los países participantes en el programa son, en total, 31.

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