Ciclo vital de las empresas

Una empresa no se construye de la noche a la mañana. Los emprendedores se pueden encontrar con algún que otro problema. Estos obstáculos van surgiendo durante un proceso inevitable para toda compañía. Como un ser vivo, tienen ciclo de vida.

La primera fase será la del nacimiento. En este primer estadio es cuando se concibe la idea en torno a la que girará todo, el momento de innovar al máximo. Es cuando surgirán la mayor parte de los problemas, unidos sobre todo a la pérdida inicial de dinero. Para entrar a competir de manera eficiente, en un primer momento se hará a través de precios bajos que permitan buscarse un hueco en el mercado. Es en esta fase, cuando fracasan la mayor parte de las empresas, es la más costosa.

Si se ha superado lo anterior, lo siguiente es disfrutar de la evolución y el crecimiento. Aquí ya se habrá alcanzado un equilibrio y un control financiero. La empresa habrá conseguido diferenciarse y sacar ventaja a la competencia, traducido en la fidelización de clientes, la apertura de nuevos mercados y en un mayor grado de innovación. Se desarrollarán nuevos productos y se invertirá en mejorar lo que ya se tiene, para no quedarse en un estado de retraso y letargo. La estructura de la empresa es mucho más amplia y profesionalizada. De todas maneras, no siempre se supera esta fase, pues aunque aumenten los ingresos, puede no ser suficiente para financiar todo lo que conlleva la aceleración.

Después viene el momento de madurez. La marca empresarial está totalmente afianzada. Se ha alcanzado el nivel de los rivales, y ahora es momento de competir fuertemente con ellos. Hay que estar a la vanguardia y atento a los posibles cambios del sector para que no pillen por sorpresa y pueda adaptarse rápidamente. Desde esta etapa, se buscará la excelencia empresarial. El sistema de organización alcanza el mayor nivel de complejidad y si no se gestiona bien la empresa puede burocratizarse, es decir, que el objetivo por el que comenzó el negocio quede aparcado debido a la tarea de formalizar todas las normas.

Renacer puede significar el siguiente estadio de la madurez, y también volver a surgir cuando se ha producido el fracaso. Empieza un proceso de reinvención empresarial, en el que se hace necesario abrirse hacia otros mercados e innovar en productos o comercialización. Está la posibilidad de agilizar la gestión y el control de la empresa. Pueden incluso aparecer divisiones, filiales o acuerdos con otras formaciones que busquen nuevos proyectos.

Finalmente, el final del proyecto, el declive. Quizá no se haya adaptado a las exigencias del mercado o carezca de ideas originales que creen expectación en el sector, la aparición de circunstancias que no se habían previsto, como una crisis mandarán al traste todos los esfuerzos y provocar la temible desaparición.